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miércoles, enero 04, 2012

EL SILENCIO: UN PUENTE HACIA NUESTRO INTERIOR

 En mis últimas publicaciones he estado hablando sobre la importancia de la comunicación, porque definitivamente vivimos en el lenguaje y nos construimos a través de él. El lenguaje crea realidades, así que tenemos que saber que éste es un recurso que vale la pena pulir para ser puesto al servicio de nuestra vida. Cuando tú logras hacer esa conexión con los demás tu vida fluye de una mejor manera.

 Así como las palabras tienen poder, a través de ellas te comunicas con otros y otros se comunican contigo, existe un recurso que te permite dar paso a la comunicación con tu ser interior: EL SILENCIO, que es además el puente que te conduce a conectarte con la divinidad, con la fuente de la que todo procede.

Si es difícil aprender a comunicarse bien y muchas veces somos torpes en el uso de las palabras, nosotros -los de las culturas occidentales- tenemos muchas dificultades para estar en silencio.Vivimos en una sociedad orientada hacia fuera, con muchos estímulos externos y con una invitación permanente a la actividad, a la conversación. De modo tal que las personas hasta le temen al silencio y en él se sienten extraños. Por ejemplo: hay mucha gente de la ciudad que no soporta ir al campo o la montaña por largo tiempo. Les asusta encontrarse en un lugar en el sólo se escucha la naturaleza, donde se puede sentir el viento u oír los pajarillos o los insectos. Pueden soportarlo por una o dos horas, pero no por un fin de semana completo y ni qué hablar de una vida entera en ese lugar sin televisión, internet, celular, etc. Hay personas que pueden estar lejos, pero conectadas y esto es algo interesante de mirar por todo lo que significa.

Muchos le tienen tanto miedo al silencio, por estar tan poco acostumbrados a él, cuando llegan a su casa, encienden la TV o la radio -aunque no le pongan atención-, hacen una llamada, es decir, procuran poner sonidos para crear la sensación de que no están solos. Son tantos los que, cuando van manejando, utilizan distractores porque no saben qué hacer en el silencio. Generalmente éste es interpretado como sinónimo de aburrimiento. Es que no nos han enseñado su valor.

El silencio es poderoso en la misma medida en la que aprendas a permanecer en él y acallar tus diálogos internos, porque aún estando con la boca cerrada, podrías estar escuchando toda la cháchara mental -recuerdos, conversaciones, repetición de hechos- no es de este tipo de silencio que hablo.

Cuando una persona logra acallar su mente, o su parte racional, y puede atender los diferentes sonidos de la naturaleza, o desde ese lugar puede escuchar lo que alguien le dice, va a encontrar una respuesta que sólo ahí está. ¿Por qué? Porque todo lo que pensamos, reflexionamos o analizamos surge de nuestra memoria, de lo que nos han dicho, de nuestros recuerdos o de la fuente y a esto último le llamamos inspiración. Cuando te llega una respuesta y puedes ver con otros ojos el panorama, es porque esa idea no está contaminada con tus miedos, recuerdos o antiguas ilusiones, sino que has permitido que te llegue la información que necesitas y se te ha iluminado tu ser, pudiendo ver más claro cuál es el próximo paso.

El silencio es la comunión con todo lo que es. Al menos a ése es al que hoy me refiero. Es un estado del ser en el cual logras aquietar tus pensamientos, tu voz externa e interna -callar y acallar-. Te serenas, te concentras y de alguna manera logras un vacío en tu mente. Esto es lo que muchos llaman poner la mente en blanco. Se puede estar en silencio aún en el ruido, creando un momento en el cual te desconectas de todo lo que está para conectarte con todo lo que es; de todo lo accesorio para dar paso a lo esencial. Es un terreno favorable para la manifestación de la unidad.

El silencio del que hablo es aquel en el que "vacías la copa" y te haces hueco. Sólo sientes, respiras y colocas tus sentidos a disposición de recibir. No es aquel en el que no hablas porque estás deprimido o en shock. Es un silencio productivo, un silencio que da la oportunidad de crear. Es ahí donde se conciben las ideas. Un espacio para la renovación y una manera de limpiar tu mente de la crítica, de las ansiedades y de la auto-condenación.

 DIOS TE HABLA EN EL SILENCIO y por eso éste es vital para la conexión espiritual. Orar es hablarle a Dios, mientras que meditar es dejar que Dios te hable. Cuando meditas, procuras, tranquilizar tu mente para poder recibir información.Cada quien tiene que ir encontrando cosas que lo ayuden a construir este puente, pero puedo darles ciertas ideas:

Se puede lograr el verdadero silencio estando en contacto con la naturaleza, quizás con música de fondo para empezar, en tu balcón, apagando por un tiempo determinado, los celulares, los teléfonos, la TV y cualquier otro aparato que haga ruido. Prueba pasando una hora sin hablar, puedes hacer cosas en silencio, como por ejemplo, arreglar el closet, fregar, leer una o dos páginas de un libro y luego pensar sobre esto que acabas de leer.

Cuidar plantas, los quehaceres del hogar, sacar el perro a pasear, algunos deportes como el tennis, el ajedrez, el golf, el surf, caminar, correr o montar bicicleta son actividades que requieren concentración o conexión contigo y crean un vínculo con tu espíritu.

Otra propuesta es que te levantes muy temprano y en el balcón o frente a una ventana, esperes la llegada del amanecer. Observa cómo se va despertando la ciudad.


Recomiendo a todos los que leen este artículo, aprender a estar en ese silencio y enseñar a las nuevas generaciones lo valioso de esto. Un niño que dice que está aburrido es porque no ha aprendido lo rico de un momento sin estímulos externos. Es importante que aprendan a mantener esa conexión e instalar en ellos la idea de que el silencio les permite escuchar a Dios.

                                                   

MUCHA LUZ

jueves, diciembre 15, 2011

CARTA: ¿Por qué se gasta tanto en navidad?



Querida Martha:
Soy la tercera de una familia de cuatro miembros, tengo 16 años. Me preocupa como mis padres, para época de Navidad, como que se vuelven locos en cuanto a gastos de la cena de Noche Buena y Año Nuevo se refiere. Me gané tremendo bofetón de parte de mi madre por ser de la opinión de que esos gastos son innecesarios para dos famosas cenas. No es que esté en contra de esas reuniones, sino que veo después las lamentaciones en enero. Después de todo, nosotros somos los que menos disfrutamos. Yo veo que otras familias en mejores condiciones que nosotros hacen una especie de serrucho, se le encarga un plato diferente a cada quien y se hace la carga menos pesada. Ya se acercan las fiestas de nuevo, ¿Puede darle un consejo a mis padres, para que esto sea diferente?

RESPUESTA:

La relación que sostenemos con el dinero es una de las más complicadas: Hay personas a quienes constantemente les preocupa, hay otras a quienes gastarlo o tenerlo les genera un sentimiento de culpabilidad, también están aquellos que cuando no lo tienen se sienten inferiores, los que lo usan como un sustituto para la falta de afecto o para calmar la ansiedad y en la gran mayoría los que no tienen permiso para tener dinero y ser prósperos por lealtad invisible con los pobres de su familia.

Lo ideal sería que hiciéramos al dinero nuestro esclavo y no que fuera al revés como generalmente sucede. ¿En qué categoría caen tus padres?

Entiendo tu preocupación por el derroche de tus padres en Navidad, además creo que estás en el derecho de externar tu desacuerdo sin recibir una bofetada. Si tu señora madre te ha pegado, quizás fue porque no quiere reconocer su fallo o tal vez por la forma en que te expresaste. Has retratado una situación que se dá en muchas familias en nuestro país: gastan más de lo que pueden, creyendo que con esto van a ser más felices. Al final se encuentran enredados y tan o más vacíos que antes de gastar.

De igual manera hay padres que ponen tanta energía en las cenas navideñas, la decoración de la casa y los arreglos, que se olvidan de chequear como anda la expresión de afectos, la comunicación, la armonía y la aceptación de cada uno tal y como es en el ambiente familiar.

A juzgar por lo que dices, en tu hogar hay mucha comida y poca alegría.  Parece que lo que gastan en comida no sirve para que por lo menos en esos días el clima sea tan acogedor o divertido que estimule a tus padres a hablar de temas más atractivos, a tus hermanos a quererse quedar más tiempo en casa y a ti a tener un mejor recuerdo de las navidades.

Es probable que tus padres no sepan hacerlo mejor y esa cena suntuosa sea una forma de hacerles saber a sus hijos que los quieren. Aunque me pediste un consejo para tus padres mis recomendaciones van dirgidas a ti, que eres la que estás incomoda con la situación y la que lo puede mirar. Más que reprochárselo, dale las gracias a tus padres por el esfuerzo que hacen e invítalos desde el amor a organizar unas navidades donde se goce más y se gaste menos. 

Para las fiestas de este año, puedes proponer algo atractivo, por ejemplo: compartir con otros amigos y sus familias y que éstos traigan un plato o bebidas de modo que, además de reducir el gasto, se logre un ambiente más festivo en el que todos participen  que quizás incluya baile o algo similar. Si ellos no aceptan tu propuesta, inicia en el próximo año una campaña junto con tus hermanos para que la próxima vez sea diferente y hazlo de forma que no los ofenda. 

De todos modos, no dejes que situaciones sobre las que no tienes control te quiten tu bienestar. Si al final tus padres insisten en derrochar el dinero que no tienen, di SÍ A TODO TAL Y COMO ES, disfruta de la cena o invéntate un viaje para las próximas fiestas de Navidad.

Deseo que este 2012 llegue lleno de bendiciones para ti, tu familia y todos los seguidores de este blog.

¡MUCHA LUZ!

jueves, noviembre 10, 2011

EL EXQUISITO ARTE DE ESCUCHAR




En mis años de consulta he podido notar que hay casos que se repiten constantemente, como el de la madre que tiene un hijo adolescente con el que está teniendo conflictos; la pareja de esposos que se quiere separar porque no se comprenden; personas que tienen diferencias con jefes o compañeros de trabajo... y así un sinnúmero de situaciones parecidas.



Por lo general, los involucrados logran determinar por sí solos que esas diferencias se originan en un problema de comunicación -y hasta ahí vamos bien-. Es común escuchar a las personas contar sobre lo que se dijo o lo que no se dijo, pero es muy raro que por sí solos concluyan en que el problema está en lo que NO ESCUCHARON y, en un alto porcentaje de los casos, es precisamente ahí donde está el meollo del asunto.

En estas últimas publicaciones he estado hablando de comunicación,  por ser éste tema tan importante para las relaciones humanas, y si dentro de esta sombrilla no hablo de lo necesario que es escuchar, mi aporte se queda cojo.

Todo el mundo cree que sabe escuchar y por eso le resta importancia. Es cierto que la mayoría de las personas reconoce el poder de la comunicación y de hecho muchos saben que hay que manejar muy bien este aspecto para, por ejemplo, acceder a un gran número de puestos de trabajo, tener cierto liderazgo, colocarse en lugares importantes social, política y económicamente o proyectarse más y mejor. Son muy populares los cursos de oratoria donde se aprende a hablar en público, controlar el lenguaje corporal, usar correctamente la palabra, romper la timidez y demás, pero, si revisamos los programas de esos cursos, no hay un momento destinado a aprender a escuchar, no sabiendo todo lo se puede conseguir manejando este arte.

Saber escuchar no se da espontáneamente en todas las personas, porque no me refiero a el hecho de captar los sonidos y entender las palabras. Hablo de un proceso a través del cual tú logras entrar en sintonía con el que habla y así interpretar pensamientos, sentimientos e inquietudes dentro del mensaje.

Por lo general las personas tenemos una escucha poco saludable,  podríamos decir que contaminada. Entre las formas de escuchar a la que tendemos comúnmente están, entre otras, la escucha fingida, en la que te encuentras en silencio, pero mientras el otro habla estás distraído o  esa en la que, mientras “escuchas” estás pensando lo que vas a contestar -A veces estás de acuerdo con lo que el otro dijo y por no prestar real atención, entras en una polémica innecesaria-. También escuchamos mucho estando alertas para encontrar el momento de interrumpir y  otra muy popular es la escucha autobiográfica, en la que respondes desde tu historia y todo lo que oyes lo relacionas con una experiencia personal que cuentas ni bien termine de hablar el otro. Una muy común es la escucha prejuiciada, donde supones lo que te van a decir y contestas juzgándolo. Por otro lado está la escucha adivinatoria, en la que ya no supones sino que estás seguro de lo que te van a decir y lo completas aunque la mayoría de las veces, no tiene nada que ver con lo que el otro quería expresar. Otra escucha poco prometedora es la escucha irrespetuosa en que la que descalificas lo que se te dice, lo corriges o incluso lo rebajas.

Supongo que te recordaste de haber escuchado desde alguna o varias de las formas anteriores.

Existen otros tipos de escucha que no se tienen incorporados, si no que se tienen que ir desarrollando hasta lograr el exquisito arte de escuchar sin prisa, entendiendo que el otro expone su alma, sabiendo que frente a ti hay un ser humano y tomando en cuenta el impacto de lo que vas a responder. A este grupo pertenecen: La escucha empática, en la que procuras ponerte en el lugar del otro; la escucha limpia: aquella sin juicio, sin predisposición, en la que eres un centro dispuesto a recibir la información. No tienes idea de lo que vas a responder porque verdaderamente va a depender de lo que el otro te diga. También a este grupo pertenece la escucha compasiva, en la que te preguntas ¿Qué podrá el otro necesitar de mi? y si tu respuesta viene desde ahí, vendrá del lugar más sano. Finalmente, está la escucha que yo llamo SAGRADA, que se da cuando tienes total conciencia de ese alguien que está frente a ti y aún cuando hable con dolor o agresividad, tú puedes sentir más allá.

En mis primeros estudios, en la Madre y Maestra, mi promoción tuvo el privilegio de contar con excelentes profesionales que vinieron de Estados Unidos para formarnos en una disciplina que, en aquellos tiempos, era nueva en el país y algo que agradezco de esos profesores es el énfasis en las prácticas que tuvimos que hacer para desarrollar la capacidad de escuchar.

Siendo justa, en mi entrenamiento en análisis transaccional también recibí muchos halones de oreja. Muchas veces terminé frustrada, porque pensaba que lo había hecho bien y mis supervisores me quitaban cantidad de puntos por no tener una escucha activa.

Más adelante, también en mi formación de coaching, terminé de recoger todo lo que se me había escapado sobre este tema, para corroborar que en escuchar está la clave. Les cuento un “secreto profesional”: La solución a muchos de los problemas que llegan a los especialistas de la conducta, está en lo que la persona te cuenta.  Sólo se tiene que escuchar con atención.

Hay ciertas prácticas que te ayudan a desarrollar una escucha sana, como son: quedarte en silencio por varios minutos  atendiendo y descubriendo los sonidos  a tu alrededor; o escuchar una canción entera sin interrumpir.

Para mejorar tu escucha puedes empezar por decidir conscientemente que vas a escuchar a alguien hasta que termine de hablar y que esperarás treinta segundos en silencio para contestar, aunque al final te quedes sin decir nada.

Si hay una persona con la que tienes dificultades y tienes la oportunidad de hablar con él o ella, procura escuchar poniéndote en su lugar, abriéndote a una mirada que no es la tuya. Esta será una escucha compasiva, en la que procurarás no ser duro con quién te habla. No se trata de tenerle lástima o de victimizarlo, sino de preguntarte qué puede esa persona necesitar de ti.

 Cuando desarrollas este arte y descubres el deleite de escuchar, hablar no es tan necesario, afinas tus oídos y tus posibilidades de aprendizaje aumentan increíblemente.


MUCHA LUZ!





martes, octubre 11, 2011

CARTA: ¿Cómo puedo conseguir que mi hija me abra su corazón y sea más comunicativa en el hogar?



Querida Martha:
Tengo una hija de 15 años, la cual tuve de mi primer matrimonio. Su padre y yo nos separamos cuando ella tenía 2 años. Cuando cumplió los 3 años conocí un hombre, nos tratamos, nos enamoramos y luego nos casamos. Tuve dos niños con él. Más adelante el padre de mi primera hija murió, y desde entonces luché por echar yo sola esa niña hacia adelante, pero sucede que ella es tímida, muy poco comunicativa. Por ejemplo: ni siquiera me ha dicho sus colores favoritos. Como me he  ocupado de todo lo que ella necesita: sus estudios, cursos técnicos, etc., he tratado de ganarme su cariño, pero ella me rechaza y  no quiere ni hablar con mi segunda hija, también la rechaza y tiene 3 años que no le habla. Yo he tratado de resolver ese problema, pero no he logrado nada.
RESPUESTA:
En la actualidad la familia está viviendo con frecuencia fenómenos que antes se presentaban de manera esporádica. Esto es propio de estos tiempos y, para ayudar a sus miembros, tenemos que auxiliarnos de todas las herramientas que nos ofrecen las ciencias de la conducta con el fin de poder manejar casos como el tuyo.
He observado que cuando una persona contrae matrimonio por segunda vez y aporta un hijo a la nueva relación, en un gran número de los casos, no logra hacer una integración exitosa entre éste y su nueva pareja. Entonces, sucede que la pareja hace su propio proyecto y el hijo del matrimonio anterior queda como un apéndice. Cuando nace un hijo de esta nueva unión se agudiza el problema porque la culpa que esto genera en el padre o la madre de éste, agrava las cosas.
El hijo crece sintiéndose víctima y el padre o la madre –la persona con quien vive- lo sobreprotege; el hijo se resiente de lo que considera son discriminaciones, la madre le perdona faltas porque le da pena y así se va creando un círculo bastante negativo. A tu historia en particular,  hay que añadir todo el dolor que pudiera estar presente en su vida por la ruptura de su familia y luego la pérdida del padre.
La adolescencia es un período que se presta para sacar a la superficie todas las situaciones mal manejadas en la niñez y que aparentemente no habían afectado, por lo que quedaron olvidadas. Ese, creo, es el caso de tu hija.
Sola no vas a poder resolver el problema, no por incapacidad, sino porque ella va a rechazar lo que venga de ti para así castigarte. Te recomiendo que busques la guía del orientador de la escuela en que ella estudia o visites a un psicólogo especializado en trabajar con adolescentes, no para que la lleves a ella sino para que primero te ayude a ti.

viernes, septiembre 23, 2011

COMUNICAR: MUCHO MAS QUE LAS PALABRAS


Muchas de las situaciones que no hemos podido manejar bien o nos han traído malestar, tienen en el trasfondo problemas de comunicación. La mayoría de los problemas familiares, de pareja, profesionales tienen que ver con esto.

Los seres humanos estamos interconectados y la comunicación es un vehículo para establecer esta interconexión. Por eso, este tema es inagotable y no pierde vigencia. Hay que mirarlo una y otra vez, porque quien maneja el arte de la comunicación, maneja un recurso valioso para su vida y para sus relaciones con los demás.
 
En una de las teorías más importantes de la comunicación, el Análisis Transaccional, a la acción de comunicarse se le llama TRANSACCIÓN porque toda comunicación es un intercambio de ideas, códigos y símbolos que nos llevan a negociar nuestro punto de vista.

Cuando hablo de comunicación en este artículo, me refiero a un hecho que va más allá de las palabras que decimos. Hasta tu ropa, tu casa, tu apariencia, lo que comes, lo que llama tu atención transmite algo. Es imposible dejar de comunicar o comunicarse. 

Nos comunicamos a través de los llamados "Estados del Yo" -para aquellos que desconocen de estos estados pueden encontrar información sobre ellos en el artículo con ese nombre, que se publicó anteriormente en este blog, puedes leerlo entrado a este vínculo "http://marthabeatovivir.blogspot.com/2011/05/los-estados-del-yo-si-cambio-yo-cambia.html-

Según esta teoría cuando comunicamos,  la reacción de quien recibe el mensaje va a depender, en gran medida del Estado del Yo desde el cual lo enviemos y dependiendo de esto hay cuatro tipo de resultados básicos posibles.

En un primer caso, está lo que se llamaría una COMUNICACIÓN COMPLEMENTARIA, las personas sienten que la comunicación fluye en la cual el mensaje que enviamos obtiene la respuesta que estábamos esperando. Cuando pasa lo contrario y el resultado no es el que pensábamos,  la comunicación se interrumpe, toma otro rumbo o pasa a una discusión. Esto es una COMUNICACIÓN CRUZADA. 

Hay un tercer grupo llamadas ULTERIORES que son las que implican el doble sentido o las indirectas. Por ejemplo, cuando enviamos un mensaje con una dosis de sarcasmo o ironía. El receptor del mensaje, en algún nivel, quizá subconsciente, percibe hay algo raro -aún cuando no pueda llamarlo por su nombre- y esto puede dar lugar a situaciones que luego no podamos manejar.

Por ultimo están las de HORCA, que son las más peligrosas debido a que refuerzan conductas negativas de la otra persona. Por ejemplo:

Una mujer le dice a otra: -Ayer le di una pela a mi hija María Rosa, porque dijo una mala palabra.
Respuesta: -¡Bien hecho! Es que si no, no aprenden nunca...

Otro tipo de comunicación que quiero mencionar, que es la COMUNICACIÓN FALSA. Es cuando, por evitar un conflicto, o por complacer, decimos algo que no es lo que verdaderamente pensamos o sentimos. Con este tipo de comunicación no se logra avanzar en una relación.

El resultado de la comunicación es lo que lo se entendió. Por lo tanto, de lo que tú comunicas, lo importante es lo que el otro percibe, dado que la percepción es más fuerte que la realidad porque tiene resonancia en otros niveles más profundos. De hecho, según estudios realizados, sólo el 7% de lo que comunicas está contenido en lo que dices y el 93% restante está en el “cómo” lo dices -gestos, tono, lenguaje corporal-. Entonces, una manera de medir los posibles resultados de lo que comunicas, o entender porqué obtuviste tal o cual reacción del otro, es saber desde qué sentimiento lo hiciste.

Te propongo recordar de estos últimos meses, aquellas situaciones en las que algo terminó mal y pregúntate si comunicaste desde la rabia, el dolor, el ego, el resentimiento o el miedo. No estoy diciendo que no podemos comunicar desde esos lugares, porque esto es LA VIDA, y esos sentimientos son parte ella. A lo que me refiero es que quizás si puedes distinguir desde dónde lo estás haciendo, puedas asumir mejor los resultados obtenidos. Observa que cuando comunicas desde la alegría, el amor, el entusiasmo, generas una energía contagiosa que aumenta las posibilidades de que el retorno sea en esa misma dirección.


A través de este artículo yo no te estoy invitando a una comunicación complaciente o que estés de acuerdo con todo el mundo, pero si a que cuando comuniques aunque sea para disentir siempre busques llenar una necesidad fundamental en los seres humanos que es la de sentirse acogido porque si haces esto, estás pago.

Terminaré esta publicación, mencionando someramente -para encender la curiosidad- una forma aún más profunda, y para mí bastante efectiva, de comunicarse, sobre todo con aquellas personas a las que tus palabras no le pueden llegar, porque están lejos, porque están enojados, o simplemente ya no están. Si por x o por y no puedes comunicarte con esa persona físicamente siempre puedes encontrar la forma de comunicarte con su alma… Es cuanto diré y aquí lo dejo. Háblale a su alma y verás que algo pasa...

MUCHA LUZ

lunes, septiembre 19, 2011

CARTA: "¿Cómo se puede mejorar la comunicación en la familia?"

Querida Martha: 

En nuestra familia (padre e hijos) durante la niñez, adolescencia y juventud, la comunicación y las expresiones de afecto fueron casi cero, ¿Cómo se pueden mejorar estos aspectos entre la misma familia después de adultos? 

RESPUESTA:
El toque físico tiene un valor de supervivencia para los seres humanos. Durante los primeros años de vida el niño necesita ser tocado y acariciado en forma positiva para poder quedarse vivo y desarrollarse mentalmente. Luego las caricias físicas o verbales serán absolutamente necesarias para nuestra salud mental y nuestra nutrición emocional.

Son muchas las investigaciones y los casos agradables que nos demuestran el poder de las caricias en la recuperación y curación de grandes males. El que tenga duda sobre sus afectos, que recuerde alguna vez en que una expresión de afecto o un buen abrazo le alegraron la vida. Al que se le haga difícil acariciar o dejarse acariciar, le recomiendo que aprenda a hacerlo y verá de lo que se estaba perdiendo y de lo que está privando a otros.La familia está llamada a ser la escuela donde se aprende el valor de un beso, un abrazo, una palmadita, un masaje en los pies o una pasada de mano por la cabeza. También en ella deberíamos aprender a decirnos cuánto nos queremos, cuánta falta nos hacemos o cuán importante son para nosotros nuestros seres queridos. 

Si provienes de una familia donde hubo ausencia de caricias y muy poca comunicación, ahora de adulto se te va a hacer difícil demostrar su afecto... Pero no imposible ¡Vale la pena intentarlo! Te sugiero que empieces con pequeños cambios tales como agradecer favores, llevar un presente a alguien y decirle que te acordaste de él o ella cuando lo viste y por eso se lo compraste, llamadas para preguntar por la salud de sus allegados, o para felicitarlos por algo bueno que les pasara. También puedes propiciar conversaciones sobre temas de actualidad, con el objetivo de que se acostumbren a hablarse. Luego puedes progresar propiciando más acercamiento, saludando con abrazos, invitando a la familia a almorzar o cenar a su casa, auspiciando que se junten para jugar dominó, cartas o algo parecido.Verás como ese acercamiento mejorará mucho el déficit de cariño y comunicación que ahora existe. Quizás no llegue al ideal, pero te sentirás mucho más satisfecho que ahora. De seguro que ellos te lo agradecerán aunque no te lo digan. Una cosa si te recomiendo de manera especial con tu familia actual (si la tienes): Empieza temprano a dar y recibir caricias físicas, verbales y simbólicas positivas. Roberto Shinyashyki han escrito un libro maravilloso que te ayudará, se llama "La Caricia Esencial" del Editorial Norma, te lo recomiendo.

Mucha Luz

martes, septiembre 06, 2011

EL SEXO ES PODEROSO... Y SAGRADO!


MATA HARI
En muchísimos hechos de la historia universal la sexualidad ha jugado un rol importantísimo. Existen muchos casos en los que hombres líderes han sido atrapados, o incluso asesinados mientras se dirigían a ver su amante o por su debilidad con las mujeres. Tal es el caso del dictador Rafael Leonidas Trujillo -quien, se dice, iba a ver una mujer con la que sostenía un romance el día en que fue ajusticiado- o Figueroa Agosto que fue descubierto a través de su debilidad, Sobeida Félix. En la primera y segunda guerra mundial muchas espías eran mujeres que utilizaban sus encantos para obtener información, como la famosa Mata Hari, esa bailarina de striptease que fue condenada a muerte por espionaje y finalmente ejecutada.

Los escándalos sexuales son muy comunes en la historia de la humanidad. Han sido hechos determinantes en la política mundial, en muchas religiones y ni qué hablar del arte y el espectáculo. Bill Clinton y su relación extramarital con Mónica Lewinski dejaron al mundo boquiaberto; hace poco, en Nueva Delhi, un hombre “santo” llamado Swami Ji Mahara Bhimanad Chitrakootwale fue apresado por estar al frente de una importante red de prostitución; todos conocemos a profundidad el caso de Michael Jackson y las acusaciones de pedofilia que tuvo que enfrentar.

Muchos escándalos sexuales, sobre todo en la política han sido un arma para arruinar la carrera de figuras de renombre. La sexualidad ha sido el anzuelo para atrapar gente importante, debilitar a los poderosos, extorsionar o incluso como estrategia mercadológica para hacer sonar a alguna personalidad conocida. Es bien sabido que en la publicidad se explota mucho el recurso de lo sexual directa o indirectamente, porque está comprobada su eficacia, la sexualidad vende!

Todos conocemos un caso al menos, de una mujer que ha puesto en juego su reputación, su futuro, su relación con sus hijos, en la locura de un desborde sexual. Pero conocemos aún más hombres que aman su familia y ponen en riesgo ese proyecto de vida en el que han hecho una inversión emocional, física, económica, dándole rienda suelta a un deseo que termina por controlarlos hasta el punto de dejar todo por él. Recordemos los cientos de sacerdotes que han colgado la sotana por una mujer, como la polémica historia del Padre Alberto.

Si nos adentramos en las interioridades de muchas instituciones o grupos sociales importantes o no, la sexualidad tiene un espacio preponderante. Ha provocado movimientos sociales y muchas veces ha sido conectada con la libertad o la liberación.

He podido observar en el ejercicio de mi profesión en la que llevo un poco más de 30 años, ¡Claro! considerando que estoy en esto desde que tengo 12… bueno… ya fuera de broma, mucha gente desconoce que estudié sexología y es porque no lo hice para dedicarme a ello, sino porque me di cuenta de que ese aspecto tenía poder sobre muchos otros en la vida de los seres humanos. Estos estudios y mi experiencia profesional me han llevado a confirmar la fuerza que tiene el sexo sobre las personas.

Es que la sexualidad genera, nada más y nada menos que la energía de la vida. Es una fuerza tan grande que goza del poder de la creación y tiene tal magnitud que si no se le mira con respeto nos puede arrastrar.

La sexualidad está ligada a nuestra evolución. Las personas con una mirada más corta la ven sólo como fuente de placer o por el contrario sólo  como el medio para tener hijos, ignorando que a través de ella podemos fortalecer vínculos, conectarla con nuestras emociones, o que llevándola más allá del placer puede alimentar nuestra creatividad.

Instancias de autoridad o clases dominantes a través de la historia pudieron identificar el poder de esa fuerza y tomaron medidas para controlarla. Es por esto que el sexo es visto por muchos como algo tabú y no es para menos; un manejo sexual desborado puede dañarnos a nosotros mismos o a los demás, pero también puede logra este efecto tener nuestra sexualidad completamente contenida. La energía sexual que no se canaliza adecuadamente, genera espacio para aberraciones y patologías. El que no tiene esa fuerza controlada puede encontrarse de repente, en lugares insospechados o, por el contrario, aquellas personas que tienen esa energía bloqueada o no están conectadas con ella porque no le han dado su espacio, pudieran vivir con poco entusiasmo, tener poca creatividad o incluso no estar muy conectados con la vida misma.

En el proceso de crecer  he aprendido a sacralizar muchos elementos de nuestra vida cotidiana; por ejemplo, limpiar nuestro hogar puede ser hasta tedioso, pero si podemos mirarlo como el acto de embellecer nuestro espacio y convertirlo en un templo entonces tiene otro valor. Cocinar, bailar, sembrar, cuidar un animalito y así un sinnúmero de hechos contidianos pueden adquirir otra dimensión de acuerdo a nuestra mirada.

En este sentido, propongo que veamos la sexualidad también desde esta perspectiva. Con esto lograremos ese incremento de la creatividad, sentir más entusiasmo por vivir y hasta nos puede servir de camino para conectarnos con la fuente y desarrollar la espiritualidad. Viéndolo con esos ojos el sexo se convierte para nosotros en un gran regalo... una especie de don, y como los otros dones -la fama, la riqueza, la belleza física, la inteligencia- conlleva una gran responsabilidad, un gran reto. Tenemos la posibilidad de disfrutar de este regalo, mirándolo con respeto siempre, pero permitiéndole contribuir con nuestro bienestar.


       Mucha Luz